
Entrevista a Arnaldo otegi «En Madrid todavía no hay madurez para alcanzar un acuerdo resolutivo»
Iñaki IRIONDO
¿Cómo fueron la detención (el 8 de junio en Donostia) y el trato recibidos?
La detención se produjo cuando me dirigía, junto a Pernando Barrena y Juan Joxe Petrikorena, a dar una rueda de prensa. Fui interceptado por miembros de paisano de la Policía Nacional, que me detuvieron.
Fui conducido a dependencias del Gobierno Civil, y desde allí a la cárcel de Martutene. El trato recibido por parte de la Policía fue correcto en todo momento.
¿Estaba preparado?
Sabía, porque así me lo habían dicho diversas fuentes periodísticas de Madrid, que si el Tribunal Supremo ratificaba la sentencia sería inmediatamente encarcelado. Así lo había dicho un magistrado, durante un receso del juicio sobre el 11-M a un grupo de periodistas 72 horas antes de que se viera la vista en el Tribunal Supremo.
¿Por qué cree que le detuvieron de esa forma, cuando a otros con penas más graves les dan fecha de ingreso y eligen cárcel?
Se trataba de dar un golpe mediático. Hacerlo de esa manera permite dar una imagen de «firmeza», que sólo refleja un intento de vender a la opinión pública española una visión de las cosas que no se corresponde con la realidad.
¿Cuál es su régimen de vida?
El mismo que el de cualquier otro preso o presa internado en la cárcel de Martutene. El propio del resto de compañeros del colectivo en prisión aquí.
¿Cómo se ve la situación política actual desde la cárcel?
Apenas llevo un mes y medio en la cárcel, por lo tanto veo las cosas prácticamente igual que como las veía en la calle. Si acaso, la cárcel permite situarse fuera de la vorágine diaria y analizar las cosas desde una cierta distancia.
¿Cómo percibe la situación, el trabajo por hacer, un «animal político» como usted en una situación de encarcelamiento?
Es cierto que hay muchas cosas que hacer. Lo principal es retomar la vía del diálogo y de la negociación para tratar de superar definitivamente y en términos democráticos el conflicto político en Euskal Herria.
La cárcel limita la capacidad de movimiento, pero no la capacidad de aportación política. En cualquier caso la tarea fundamental corresponde a los compañeros y compañeras que están en la calle.
¿Cuál es el papel de un dirigente político encarcelado?
Lo primero situarse correctamente en el nuevo contexto. Lo segundo, entender que las labores de dirección política no se pueden desarrollar desde la cárcel. Lo tercero, empujar y aportar junto con el conjunto del colectivo de presos y presas a favor de una solución justa, estable y duradera del conflicto político.
¿Ha pensado en invitar o a que le visiten sus interlocutores?
No lo he pensado, sinceramente. No tendría inconveniente en recibirlos. Nunca me he negado ni a dialogar ni a mantener relación con nadie, y tampoco lo hago en estas circunstancias.
¿Qué piensa de su encarcelamiento por hablar de Argala, sabiendo que militares españoles reconocieron en «El Mundo» su participación en su atentado y están en libertad?
Creo que refleja con exactitud cuál es el precio en términos de justicia política derivado de la llamada transición «democrática» en el estado español.
En su opinión, y a propósito de las informaciones publicadas por GARA, ¿por qué fracasó el último intento negociador, llevado a cabo en plena campaña electoral?
Quiero en primer lugar dejar sentado que yo no confirmo ni desmiento los contenidos de lo publicado por GARA. Creo que es necesario mantener la prudencia en cualquier circunstancia. Dicho esto, también quisiera plantear que un esquema de proceso negociador no puede definirse en términos de intentos «últimos». El principio de diálogo y negociación debe ser permanente, cualquiera que sea el contexto o la coyuntura política, y sobre el mismo hablar, contrastar y en definitiva trabajar por la búsqueda de las condiciones necesarias para una negociación resolutiva.
Yo no hablo de fracaso. En cualquier caso, se puede afirmar que hemos avanzado, pero no hemos alcanzado un acuerdo resolutivo final. Y no lo hemos hecho porque todavía no existe ni la ambición ni la madurez suficiente por parte del Gobierno español para alcanzarlo. Pero no hay que desistir, hay que seguir hablando, trabajando sobre lo ya avanzado... Eso es lo que demanda nuestro pueblo. Es lo que hay que hacer.
Hay quien ha acusado de fraude a la izquierda abertzale por no romper el proceso antes de las elecciones...
Durante la campaña electoral existía todavía la posibilidad de alcanzar un gran acuerdo político. No nos engañemos, es fundamentalmente el PNV de Imaz quien esta lanzando estas afirmaciones, y lo hace con una sola intención: ocultar su fracaso electoral.
¿Qué queda del proceso? ¿Qué conclusiones saca tras estos años de trabajo?
Estos años de trabajo intenso nos han permitido avanzar. Hoy se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que el «proceso» no tiene alternativa.
La apuesta por la vía de la represión y del enfrentamiento es una estrategia baldía, algo que está sobradamente demostrado, y si a esto se le añade algún intento de reeditar un nuevo fraude político con un planteamiento de reformas estatutarias, sólo servirá para alargar una situación de conflicto.
Sólo un acuerdo político que devuelva e instale en Euskal Herria un marco democrático puede resolver este conflicto.
¿Qué opina sobre el emplazamiento de eurodiputados a ETA y al Gobierno español a mantener la calma? ¿Y qué opina sobre la implicación de la Unión Europea?
En estos momentos es importante saber que la solución al conflicto también se juega en el escenario europeo. La Unión Europea también está mirando a Euskal Herria. Es por eso que en momentos como los actuales, hay que mantener la apuesta por el diálogo, por la prudencia y también por la movilización popular.
¿No se ha acabado todo? Decir que se puede retomar, ¿no es una frase hueca?
Quiero insistir en la idea de que el proceso debe entenderse en términos dinámicos. No hay alternativa al proceso. El proceso se debe retomar, eso sí, con garantías y con bases sólidas. Con voluntad y alternativa política real para llegar a un escenario final que supere definitivamente las causas del conflicto.
Hemos recorrido una etapa, hay que alcanzar la meta. Todas las partes debemos contribuir a hacerlo, esa debe ser nuestra prioridad política.
El PNV dice que no hay interlocutores en la izquierda abertzale, ¿qué opina?
Es la estrategia del calamar. A palabras necias oídos sordos se podría responder.
Lo que a mi me gustaría es conocer a interlocutores del PNV capaces de plantear en la mesa de negociación alguna posición diferente a las que mantienen los interlocutores del PSOE.
¿Cuál es su opinión en torno a la actitud del PNV hacia la izquierda abertzale?
Los actuales portavoces del PNV, sobre todo Josu Jon Imaz, están obsesionados con la izquierda abertzale. Están nerviosos y además divididos.
Creo que tienen razones poderosas para la preocupación. Desde mi punto de vista las últimas elecciones han desgastado su posición, y este desgaste se debe a dos razones: a la posición de seguidismo del PSOE en el proceso de paz, y a la existencia de una corriente social y popular creciente que desconfía enormemente del modelo de gestión que ofrece el PNV. Esta corriente popular busca ya, sin tapujos, una alternativa política e institucional a la hegemonía del PNV (en la CAV) y de UPN (en Nafarroa).
En este sentido, estoy convencido de que sólo la izquierda abertzale es capaz de aglutinar esa corriente popular que busca el cambio en Euskal Herria.
Para ello, la izquierda abertzale debe trabajar por la consecución de un marco democrático liderando un proceso que nos debe llevar a un escenario de paz y libertad, y asimismo ir construyendo una alternativa popular y socialista que nos conduzca a la independencia por la izquierda.
Esta es la responsabilidad histórica de la izquierda abertzale.
¿Es posible un proceso de resolución sin el PNV?
Estamos hablando de un proceso de soluciones, y por lo tanto, es necesario el concurso del conjunto de fuerzas políticas, sociales y sindicales de nuestro pueblo.
Dicho esto, un proceso de soluciones democráticas exige un acuerdo que abra las puertas en condiciones de igualdad a la consecución de todos los proyectos políticos, incluido el proyecto independentista.
El PNV no ha sido capaz hasta el momento de poner encima de la mesa una propuesta que configure ese escenario democrático para los cuatro territorios del sur de Euskal Herria. Sin embargo, soy de la opinión de que la puesta en marcha, con carácter público y transparente de las Mesas de Diálogo, obligaría a todas las partes a «retratarse» frente al pueblo vasco.
En ese escenario, todas las fuerzas políticas estaríamos obligadas a exponer nuestras propuestas, y el PNV y el PSOE se verían obligados a poner negro sobre blanco cuales son sus alternativas para solucionar el conflicto.
¿Qué opinión le merece el artículo de opinión recientemente publicado por el presidente del PNV, Josu Jon Imaz?
Agradecí hace algunos meses el auténtico striptease político que estaba realizando Josu Jon Imaz. Su último artículo de opinión refleja la posición que ha mantenido el PNV en el proceso de diálogo.
Se trata de enmascarar la falta de un proyecto nacional y trasluce sus obsesiones políticas: mantener la estructura de la Comunidad Autónoma Vasca para seguir haciendo negocio.
Nosotros también somos partidarios de un acuerdo integrador y democrático que sea sometido a consulta popular. Pero sin trampas: ese acuerdo debe resolver el problema de la vertebración territorial y regular el derecho de la ciudadanía vasca a decidir libre y democrática y pacíficamente su futuro político e institucional, sin más límite que el respeto a la voluntad popular.
¿Y cuál es su consideración sobre los llamamientos del PNV y de Ibarretxe a ANV para que condene a ETA?
Esos llamamientos nos retrotraen al pasado, y no se puede construir un futuro diferente con recetas del pasado. Esta es una reflexión que debe guiarnos a todos, también a la izquierda abertzale.
¿La izquierda abertzale quiere imponer sus principios?
La izquierda abertzale plantea un escenario y una propuesta muy simple: que nuestro proyecto político se pueda materializar por vías pacíficas y democráticas mediante la adhesión democrática de la ciudadanía de Euskal Herria. Hasta que ese escenario sea posible, planteamos una alternativa de carácter táctico que consiste en la creación de un marco de Autonomía vasco-navarro, que resuelva el derecho de decisión de la ciudadanía.
Se les acusa de romper el esquema o el método planteado en Anoeta, ¿es cierto?
El método planteado en Anoeta es un método que sigue teniendo toda su vigencia a día de hoy. Me consta que esto es así, y que así es entendido por todas las partes.
Pero hay un hecho que no debemos obviar: un proceso sincero que dé solución al conflicto debe abordar con honestidad las raíces que lo alimentan, y es necesario que fundamentalmente se haga desde la óptica del Gobierno español, con una gran dosis de pedagogía política.
No se puede encarar un proceso de este tipo, sin que el Gobierno, su presidente e incluso los medios de comunicación estatales tengan el arrojo y la valentía de dirigirse a la opinión pública española en términos políticos para explicar con claridad que existe un problema político que debe resolverse en términos políticos. Mientras se trate de intoxicar a la opinión pública en términos «antiterroristas», cualquier paso, cualquier «gesto» se considera poco menos que la antesala de la rendición de España.
La izquierda abertzale debe al mismo tiempo adecuar su estrategia de negociación, y hacer también su propia pedagogía, con respecto a la opinión pública del Estado. El proceso de soluciones políticas debe ser observado como un proceso de suma y no de resta.
No puede plantearse en términos de victoria/derrota, sino en términos de ganancia neta para el pueblo vasco, y también para el conjunto de pueblos del Estado español.
¿Cree en la voluntad del Gobierno español para superar el conflicto? ¿Era sincera esa voluntad?
No nos debe obsesionar el debate sobre «voluntades». Lo cierto es que nos encontramos en una fase en la que la batalla esta centrada en la asignación de responsabilidades en la ruptura del proceso.
Esta es una fase que debemos superar con el tiempo. Los hechos han avalado para nuestro pueblo la absoluta disposición de la izquierda abertzale para alcanzar un acuerdo. Ahora lo que toca es volver a construir, desde lo ya construido, las condiciones que permitan alcanzar un acuerdo resolutivo.
Para ello, hay que seguir manteniendo abiertas las vías de comunicación, y además ser conscientes de que le toca liderar a la izquierda abertzale todas las iniciativas que conduzcan a la creación de nuevas condiciones.
¿La división entre el PP y el PSOE ha sido un lastre? ¿Cree que el PP ha frenado al PSOE, o el PSOE ha utilizado al PP para dar marcha atrás?
El problema es que el proceso se puso en marcha sin que existiera un Estado homogéneo en cuanto a su propia posición.
El PP optó en todo momento por instrumentalizar el proceso en términos electorales. Esta situación derivó en una fuerte ofensiva contra la naturaleza política del proceso de soluciones. Lo más conveniente sería la formalización de un Pacto de Estado dirigido a la consecución de un escenario de solución del conflicto. A día de hoy no es posible.
Es evidente que la situación ha sido «aprovechada» por el PSOE, que se ha escudado permanentemente en las posiciones del PP, para mantenerse en posiciones auténticamente inmovilistas.
¿Tiene una visión positiva sobre la intervención de Jesús Egiguren?
No se trata de tener una visión positiva o no. Lo cierto es que llevamos años intentando que el conflicto se resuelva en términos democráticos.
Espero que el futuro próximo haga posible el acuerdo. El acuerdo es necesario y es posible. Hay que seguir trabajando, con pisada de buey y la perspectiva puesta en un horizonte razonable.
¿Qué ha hecho mal la izquierda abertzale?
Tengo una idea bastante clara de las cosas que hemos hecho mal. Las más importantes las he transmitido dentro de nuestras reflexiones internas.
En cualquier caso, creo que hemos transmitido un esquema de proceso un tanto compulsivo: hoy todo bien, mañana el abismo.
También a nosotros nos toca hacer pedagogía: hay que plantear un proceso sin prisas, sin blanco o negro, un proceso en el que la garantía del éxito pivote sobre los acuerdos, sí, pero sobre todo en la confianza en las fuerzas de la izquierda abertzale y del pueblo vasco.
¿Cuáles son las tareas para los próximos meses?
La izquierda abertzale tiene un reto histórico: construir la alternativa organizativa, política e institucional que lidere a la mayoría social de Euskal Herria. Este reto exige tomar decisiones y adecuar líneas de trabajo político e institucional.
Desde mi punto de vista, sólo es y será posible construir esa alternativa si somos capaces de liderar un proceso que nos lleve a un nuevo marco democrático y de paz por un lado, y acoplarle una alternativa real al modelo nacional y social impuesto por el tandem PNV/UPN por otro que nos haga avanzar en la dirección de nuestro proyecto político.
Reuniones entre partidos vascosPSOE y PNV rechazaron concretar en noviembre un acuerdo tras dos borradores de consenso
Las reuniones habidas en otoño pasado en Loiola entre Batasuna, PNV, PSOE fueron dadas a conocer con detalle por GARA en mayo y junio, junto con otras informaciones sobre encuentros anteriores y posteriores. El último gran intento, y el de mayor calado, se produjo en mayo, en plena campaña electoral, cuando delegaciones del Gobierno y ETA, por un lado, y del PSOE y Batasuna, por otro, realizaron una intensa ronda de negociaciones de forma simultánea en un mismo lugar de Europa. Sobre los encuentros trilaterales de Loiola, reproducimos en esta página la información ya publicada el 3 de junio por este diario, ahora repescada como novedad (aunque con evidentes lagunas) por algunos medios:
Ramón SOLA
La comisión negociadora de la izquierda abertzale expresó en una comparecencia realizada anteayer (1 de junio) el «colapso» en que se halla el proceso de búsqueda de un acuerdo político que resuelva el conflicto. A este punto se ha llegado después de las dos negativas dadas tanto por PSOE como por PNV a la fórmula de autonomía planteada por la izquierda abertzale: la primera en el pasado otoño -en doce reuniones trilaterales realizadas entre los meses de setiembre (3 reuniones), octubre (6) y noviembre (3)-, y la segunda tras la presentación pública de la propuesta de «autonomía a cuatro», puesta de largo en el Polideportivo Anaitasuna de Iruñea en marzo.
Como han admitido públicamente diferentes interlocutores presentes en esos contactos, centralizados en Loiola en su mayor parte, en la fase intermedia de estas doce decisivas reuniones se llegó a un acercamiento en torno a las dos grandes cuestiones a debate: el derecho a decidir y la vertebración territorial. GARA ha podido comprobar que este intento de síntesis llegó a materializarse en dos borradores, pero pasó a vía muerta después de que Batasuna reclamara una concreción a PSOE y PNV en los dos ámbitos.
Los prolegómenos de esta fase crucial de la negociación frustrada ya han sido narrados en estas páginas en las últimas semanas. Las doce reuniones de otoño llegaban precedidas de seis años de contactos privados entre PSOE y Batasuna en los que el partido que lidera José Luis Rodríguez Zapatero aceptó ya desde 2002 la necesidad de buscar una solución política al conflicto en una mesa multi-partita. Y quedaban facilitadas también por el alto el fuego de ETA o por la decisión del PSOE de dar vía libre a la fase de la negociación después de la primera gran crisis, superada aparentemente en la reunión del día 29 de mayo. Un segundo atasco se produciría en agosto, cuando superado sin acuerdo alguno el plazo fijado por PSOE y Batasuna en mayo (concluía el 31 de julio), la comisión negociadora de la izquierda abertzale compareció públicamente para hablar por vez primera de «crisis» y «bloqueo». Poco después, tanto desde el PSOE como desde el PNV se daba el placet a las reuniones intensivas a tres bandas, en busca de un preacuerdo al que posteriormente pudieran dar contenido todos los agentes vascos en una mesa sin exclusiones.
Esta decisión constituyó un salto cualitativo. Por primera vez, entre los tres partidos se constituyó una auténtica mesa de negociación que abrió un debate netamente político con un objetivo: tratar de dar una solución definitiva al conflicto. Atrás quedaban cinco meses, los transcurridos desde el alto el fuego, en que la izquierda abertzale había percibido y denunciado la intención de «despolitizar» el proceso por parte del PSOE y del PNV.
Acuerdo político y recorrido
Esta fase intensiva de diálogo, llevada a cabo con notable discreción, no sólo resultó novedosa por su formato y por haber reunido a los tres vértices principales del intento de abrir un proceso de resolución, sino también por el orden del día establecido. Las discusiones tuvieron dos puntos centrales: búsqueda de bases políticas para un acuerdo de futuro y establecimiento de una «hoja de ruta» o esquema general para el desarrollo del proceso. Estos dos ámbitos refundían el guión netamente político elaborado por la izquierda abertzale a principios de año y asumido inicialmente con naturalidad por PSOE y PNV.
En la vertiente «de fondo» del debate, los interlocutores de las tres formaciones abordaron cuatro cuestiones que requerían consenso: concepción de Euskal Herria como nación, derecho a decidir, aceptación de todos los derechos y vertebración institucional. Y en la parte «de forma», se discutió sobre el método y el calendario del diálogo multilateral que había que poner en marcha para terminar de dar forma al acuerdo. Cabe recordar que en la reunión entre Batasuna y PSOE de mayo que desbloqueó el proceso se había acordado poner en marcha la mesa multipartita en octubre; en cualquier caso, en setiembre la fecha de arranque no pasaba de ser una cuestión de segundo orden frente a la necesidad central de lograr un acuerdo político.
Las tres reuniones trilaterales celebradas en el mes de setiembre incluyeron un primer borrador destinado a ayudar a dar forma a los dos bloques citados. Pero es en el mes de octubre cuando se avanzaría de forma más sustancial en los debates y se lograría acceder a un segundo borrador más trabajado y que venía a recoger las bases de un posible acuerdo que traería consigo la resolución del conflicto.
En octubre, mientras la atención de la opinión pública permanecía fijada en otras cuestiones polémicas como la legalización o no de la izquierda abertzale o la huelga de hambre de Iñaki de Juana, en un silencio absoluto en Loiola se llevaron a cabo cinco reuniones intensivas en las que se dio cuerpo a ese segundo borrador avanzado.
La hora de la concreción
La sexta y última reunión del mes de octubre terminó siendo decisiva y con el tiempo ha dado pie a diferentes versiones, y tergiversaciones, por parte de portavoces políticos. En ella, tanto Batasuna como el PNV y el PSOE estaban llamados a definir su postura sobre el trabajo llevado a cabo hasta el momento. Fue en esa cita cuando Arnaldo Otegi y sus compañeros destacaron positivamente los elementos válidos del borrador, pero alertaron de la existencia de «vacíos» y «ambigüedades» que podían resultar peligrosos a la hora de desarrollar un acuerdo.
De los cuatro puntos sometidos a debate en la parte «de fondo» de la negociación, existían dos en los que el borrador era considerado como completo e inequívoco por parte de Batasuna: el reconocimiento de Euskal Herria como nación y la aceptación de todos los derechos. Pero no ocurría lo mismo con los capítulos del derecho a decidir y la vertebración territorial.
La izquierda abertzale advirtió a los interlocutores jeltzales y del PSOE de que los planteamientos al respecto incluidos en ese segundo borrador resultaban lo suficientemente indefinidos como para que tanto su desarrollo como su cumplimiento final quedaran a merced de la voluntad política posterior. En consecuencia, consideró que era necesaria más concreción para evitar opciones de «fraude» y para que efectivamente el proceso de negociación concluyera en el acuerdo político y el cambio de marco que había sido aceptado en años y años de conversaciones privadas.
Propuesta de autonomía
Así las cosas, Batasuna pone entonces sobre la mesa la propuesta de un estatuto de autonomía para Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa que pueda servir como elemento de desbloqueo pero, sobre todo, como elemento de necesaria concreción que evite los riesgos mencionados.
El planteamiento supone un evidente movimiento por parte de la izquierda abertzale, aunque se trate de una fórmula con amplias raíces históricas en la trayectoria de los independentistas. Y tiene aparentemente el valor añadido de contactar con el discurso del PNV y con planteamientos del PSOE no muy lejanos en el tiempo. Se corresponde además con el compro- miso de implicar a los cuatro herrialdes en un acuerdo resolutivo adoptado por los tres interlocutores en las conversaciones previas. En la reunión de mayo, como ya reveló GARA, el PSOE había aceptado tratar de incorporar al PSN a este proceso multilateral de conversaciones, aunque por el momento no se había producido tal cosa. Ni el partido liderado por Carlos Chivite habló con la izquierda abertzale ni envió siquiera algún representante a algunas de las numerosas reuniones llevadas a cabo con Batasuna por Jesús Eguiguren o por Rodolfo Ares.
Junto a ello, la fórmula trasladada por Arnaldo Otegi, Rufi Etxeberria, Olatz Dañobeitia y el resto de interlocutores establece expresamente que el derecho a decidir incluido en ese estatuto de autonomía no excluirá la opción de la independencia. Y con todo ello Batasuna entiende que se pone la definición necesaria a las cuestiones ambiguamente redactadas del derecho a decidir y la vertebración territorial, y se evita además que en el recorrido posterior del proceso puedan producirse desviaciones debidas a diferentes interpretaciones del consenso de base.
La demanda de los independentistas se basaba en la indefinición del borrador, pero estaba apuntalada por otra razón relativa al contexto: la desconfianza extendida por cuestiones como el ataque ininterrumpido a la actividad política de la izquierda abertzale, pese a los siete meses transcurridos desde el alto el fuego. Esta cuestión, de hecho, había estado en el germen tanto de la crisis de mayo -la citación a ocho mahaikides desencadenó la reunión del día 29- como de la de agosto -seguía la prohibición de manifestaciones como la anual de Donostia, así como las exigencias a Batasuna para que se legalizase-.
Aunque en esta última reunión de octubre, y tras la exposición de Batasuna, tanto los interlocutores del PSOE como los del PNV adoptan el compromiso de redactar sus propuestas y planteamientos para una próxima reunión, la demanda de definición hecha por la izquierda abertzale se había convertido en un punto de inflexión para ambos partidos, que en contactos posteriores evidenciarían su intención de mantener los borradores en su ambigua redacción o incluso tratar de recortarlos.
El PNV se planta, el PSOE recula
Noviembre llegaba con cierta incertidumbre, pero con todas las opciones abiertas para alcanzar un acuerdo que diese continuidad a los dos borradores. El primer contacto del mes, sin embargo, no deparó un mayor acercamiento, sino más bien al contrario. Frente a la propuesta de autonomía a cuatro con derecho a decidir, incluida la opción de la independencia, los representantes del PNV plantearon que el borrador se quedara como estaba.
La interlocución del PSOE, por su parte, «contratacó» con una nueva posición: planteó algunas modificaciones sustanciales y rebajas en los contenidos de los dos borradores, pese a que ambos habían suscitado ya un claro consenso entre las tres partes. Visto con perspectiva, cabe intuir que los enviados del partido de José Luis Rodríguez Zapatero estimaron quizás que la izquierda abertzale planteaba en realidad una nueva negociación y trataron de situarse en posiciones más retrasadas. Sin embargo, la propuesta de Batasuna no suponía un salto, sino más bien una concreción sobre el terreno ya consensuado.
En noviembre se realizarían dos reuniones más, pero tan infructuosas como ésta. Ni PSOE ni PNV aprobaron la propuesta de Batasuna, cuyas líneas maestras no serían dadas a conocer públicamente hasta meses después, y con ello se frustraba la opción de un acuerdo que había levantado enormes expectativas y declaraciones políticas muy esperanzadas.
La izquierda abertzale planteó la posibilidad de consensuar una línea de acción compartida que llevara al escenario de ese estatuto de autonomía con derecho a decidir, pero recibió otro no por respuesta.
La negociación quedaba bloqueada sin acuerdo tras una fase de debate político de una profundidad sin precedentes, con tres sensibilidades políticas principales del país como protagonistas sentadas en la misma mesa durante doce reuniones intensas, colofón de otras decenas y decenas de contactos bilaterales. Los motivos de discrepancia volvían a ser las dos cuestiones señaladas como «nudos a desatar»: territorialidad y derecho a decidir. Dos cuestiones que habían sido la base de un guión perfilado durante seis años y madurado más que nunca en estas semanas de otoño.
Un intento intensivo por implicar a PSOE y PNV
El formato trilateral de los contactos políticos, el famoso «triángulo», no ha sido cuestionado por ninguna otra fuerza política. Pero quizás requiere una explicación, que tiene que ver con una decisión tomada por la izquierda abertzale en junio. Hasta entonces, el liderazgo en la búsqueda de apertura de un proceso resolutivo había quedado en manos del PSOE y Batasuna, aunque en ambos casos con una interlocución fluida con el PNV y otros agentes. Tras la decisión del PSOE de pasar de la fase de interlocución a la de negociación a finales de mayo, Batasuna constató que los mayores obstáculos a la puesta en marcha de un proceso de diálogo resolutivo -con la obvia salvedad de la derecha tanto española como francesa- estribaban en los partidos de Imaz y de Zapatero. De hecho, otros partidos (EA, Aralar, EB, IUN, Zutik, Batzarre...), agentes sindicales y sociales habían apostado con claridad por la mesa de partidos, habían suscrito el Acuerdo Democrático de Base o habían impulsado la manifestación por el diálogo multipartito que reunió a 84.000 personas en Bilbo el 1 de abril. Para Batasuna, por tanto, lograr un acuerdo con PSOE y PNV aparecía como la premisa para dar estabilidad absoluta al proceso de solución.

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